Tristemente, en nuestra querida
sociedad del siglo XXI, se valora infinitamente más el beneficio económico de
las empresas que el compromiso que estas puedan tener para-con su cliente
cuando se trata de poner a la venta un producto. Este, que parece un fenómeno
inofensivo, afecta a nuestra salud de maneras imperceptibles en nuestro día a
día aunque perjudiciales cuánto menos a la larga.
El problema es el siguiente: si
un día dedicáramos una tarde a dar una vuelta por un supermercado y a mirar las
etiquetas de los productos, más del 80% serían ultra-procesados. “¿Y eso qué
es?”, preguntaremos. Pues los ultra-procesados son productos que están
cocinados con alimentos que no les hacen falta y que además nos perjudican.
Entre ellos podríamos encontrar: aceite de girasol, azúcar, jarabe de glucosa o
fructosa, emulgentes de todo tipo, conservantes artificiales, etc. Algunos de ellos
parecen inofensivos y tendemos a creer que en su minoría de porcentaje no nos
harán ningún daño, pero son la causa de una gran cantidad de enfermedades como diabetes de tipo 2 y según
que tipo de cáncer.
Esas maravillosas empresas de
las que hablábamos antes utilizan este tipo de productos con el fin de
economizar en la fabricación de los alimentos. Son muy complicados de evitar,
pero un truco sencillo para empezar es el siguiente: cuando vayamos a un
supermercado y miremos las etiquetas, nos preguntamos: “¿Este procesado tiene
más de 5 componentes de los que no sean implícitamente necesarios?” Si es así,
es un ultra-procesado.
Podría decirse que, sin contar
los procesados anteriores, todos comemos mínimamente saludable – a excepción de
ese croissant de chocolate de los
domingos por la tarde, claro. - : comemos variedad de pasta, arroz, alguna
verdura y de vez en cuando algo de pescado. ¿Me equivoco? Pero no, eso no basta. Las vitaminas que nos
proporcionan las verduras y las frutas que no comemos son imprescindibles para
tener un sistema inmunológico preparado para combatir con esa tediosa gripe que
nos obliga a estar en cama dos semanas. Eso, por supuesto, también es uno de
los motivos por los que nuestra salud puede flaquear.
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